la musa
Lo más interesante de la convivencia con ella era tener que estar tan cercas y al igual que a un durazno imaginarle los años que le faltaban para que madurara.
Ella podría describirse como un pecado de la carne porque no veía a través de sus hermosos ojos y sus gestos tan entretenidos algo que me ayudara a saber porque olía a miel y no a perfume mientras sudaba.
Yo por mi parte quería escribir acerca de la atracción sexual pero no podía imaginarle en ninguna escena íntima.
Estaba pasando por un bloqueo creativo y me sorprendía más que como mujer no pudiera reservarle mi parte del cielo así que le pedía que mirara a las nubes.
La ponía a modelar por las mañanas y le tomaba fotografías a sus formas que proyectaba al piso por la luz que entraba por la ventana.
Podría ser un tema erótico el que yo necesitaba para desarrollar una buena obra acerca de sus muslos porque si no fuese por sus pies y sus manos tan delicadas yo podría ser una pared más que deseaba ser un paisaje mientras hablaba y entre sus piernas medir ángulos que pudiera traducir.
Lo cierto es que la calidez de un cuerpo como el de ella y la sensación de su figura no podía ser replicada por una pintura o una fotografía.
¿Que tenia que hacer yo por esa mujer?
Sus platicas eran acerca de lo mismo de siempre, y yo deseaba agradecerle con un tributo el inmortalizarla.
¿Como haría un artista para crear una obra de arte de un prodigio femenino?
No lo se.
Pasaron varias noches y me levantaba en la madrugada porque estaba a punto de entender algo importante acerca de ella y del porqué dormíamos juntos.
Revisaba con mis manos y mi vista su trayecto al olvido y de ahí volvía a recorrer su carretera camino al campo de flores donde a ella le gustaba reír.
"Es mejor que solo hable de su cabello y de lo negro que es" pensaba mientras escribía mentalmente la historia que no había podido escribir físicamente
Yo ya a punto de dormir me levantaba pensando en que ella me abandonaba para irse lejos de todo lo que le hacía falta pero al abrir mis ojos ahi estaba ella: unas veces arriba de mi, y otras con los ojos cerrados y con los labios entreabiertos como diciéndome algo, algo: algo que estoy buscando aún para poderlo transmitir y que aún no encuentro cómo.
La musa
Victor Alcázar
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